miércoles, 9 de agosto de 2017

Simón Díaz

08/08/2017

Simón Díaz.


Su nombre Simón Narciso Díaz Márquez. El más célebre músico, compositor e intérprete del género popular venezolano. Conocido mayormente por el rescate de la Tonada Llanera. Su padre fue el maestro Juan y su madre Doña María, tuvieron 8 hijos y Simón vivió desde pequeño inmerso en la música donde su padre le enseñó lo básico y en la vida típica del campo. Comenzó su carrera improvisando coplas y tonadas que escuchaba de los artistas locales. Su padre tocaba el cornetín en la banda del pueblo, y lo animó a aprender a tocar el cuatro y a componer y cantar boleros. A los 12 años murió su padre y le tocó ayudar a la familia. En aquel entonces dedicó buena parte de su tiempo a vender dulces, empanadas y otras comidas preparadas por su mamá para sostener a sus siete hermanos.

Cuando tenía 20 años viajó a Caracas y se inscribió en la Escuela Superior de Música. Allí estudió por seis años bajo la dirección de Vicente Emilio Sojo. Convencido de que la tonada del llano venezolano es un aire musical de características únicas, se dedicó enteramente a difundirla, estudiarla y componerla hasta constituirla en un auténtico género musical

Su pasión por el canto y la actuación lo lleva al teatro, el cine y la televisión, todos diseñados para promover la música venezolana, uno de los cuales lo dedicó a la enseñanza de la cultura popular sólo para niños. Este programa estuvo 10 años en el aire, y de esta experiencia Simón Díaz pasó a llamarse "Tío Simón", nombre con el que se le conoce cariñosamente. Díaz grabó su primer álbum como cantante y compositor en 1963 y desde entonces ha grabado muchos otros, en su récord discográfico cuenta con más de 70 producciones musicales. Mantuvo la conducción de un programa diario para la radio por espacio de 25 años, también dedicado al folklore y la música venezolana.

Son innumerables las actuaciones artísticas que ha realizado a lo largo de su carrera, Así mismo, destacados directores y compositores de la música académica han llevado las tonadas de Simón Díaz al lenguaje de la orquesta sinfónica y arreglos corales, sellando de esta manera el carácter universal de este género musical. “Caballo Viejo” es una de las canciones venezolanas más famosas en el mundo entero, tiene 350 versiones, ha sido traducida a 12 idiomas y ha sido entonada por vocalistas de renombre mundial.Simón Diaz
Simón Díaz

Recibió los premios más importantes que otorga su país en materia musical. Fue distinguido con la más alta condecoración que otorga el estado venezolano, es decir, la "Orden del Libertador en su Orden de Gran Cordón", constituyéndose en el único artista nacional al que se le haya impuesto dicha distinción. Representó a Venezuela en Francia, Inglaterra, España, Polonia, Hungría, Irak, Estados Unidos, México, Panamá, Puerto Rico, Ecuador, Chile, Brasil, Cuba y Colombia.

La cadena de televisión A&E Mundo produjo un documental en su espacio “Biography” dedicado a su vida y que se estrenó en el mes de septiembre de 2004. En el año 2008, se hace acreedor del Grammy Latino a la Trayectoria, esta distinción especial es otorgada a individuos que, durante sus carreras musicales, han realizado importantes aportes tal como lo ha hecho el maestro Simón Diaz.

Complicaciones de salud lo llevaron a retirarse hace unos años de los escenarios, sin embargo, su esposa Betty de Díaz refiere que su pasión por la música sigue vigente en sus recuerdos y con frecuencia se pasea por la casa cantando “La vaca mariposa”. Según Ilán Chester (cantautor venezolano) "El significado de la vida de Simón va más allá de sus canciones… Simón representa a esa Venezuela orgánica y hermosa que, a través del canto, nos recuerda el llano; representa a esa Venezuela sensible y bella… Es el padre cultural de Venezuela"

Murió a los 85 años de edad, en su casa, tras sufrir por varios años alzheimer, enfermedad que deterioró progresivamente la salud del querido “Caballo Viejo”.






Facilitador Pedro Araujo

Emiliano Zapata

08/08/2017

Emiliano Zapata



Revolucionario mexicano. En el complejo desarrollo de la Revolución mexicana de 1910, los llamados líderes agraristas recogieron las justas aspiraciones de las clases rurales más humildes, que se habían visto abocadas a la miseria por una arbitraria política agraria que los desposeía de sus tierras. De todos ellos, Emiliano Zapata sigue siendo el más admirado.

Frente a la ambición sin escrúpulos o la inconsistencia ideológica de Pancho Villa o Pascual Orozco, y frente a una idea de revolución más ligada a la guerra por el poder que a la transformación social, Emiliano Zapata se mantuvo fiel a sus ideales de justicia y dio absoluta prioridad a las realizaciones efectivas. Desgraciadamente, esa misma firmeza y constancia frente a los confusos vientos revolucionarios determinaron su aislamiento en el estado de Morelos, donde acometió fecundas reformas desde una posición de virtual independencia que ningún gobierno podía tolerar. Su asesinato, instigado desde la presidencia, conllevó la rápida disolución de su obra y la exaltación del líder, que entraría en la historia como uno de los grandes mitos revolucionarios del siglo XX.


Miembro de una humilde familia campesina, era el noveno de los diez hijos que tuvieron Gabriel Zapata y Cleofás Salazar, de los que sólo sobrevivieron cuatro. En cuanto a la fecha de su nacimiento, no existe acuerdo total; la más aceptada es la del 8 de agosto de 1879, pero sus biógrafos señalan otras varias: alrededor de 1877, 1873, alrededor de 1879 y 1883. Emiliano Zapata trabajó desde niño como peón y aparcero y recibió una pobre instrucción escolar. Quedó huérfano hacia los trece años, y tanto él como su hermano mayor Eufemio heredaron un poco de tierra y unas cuantas cabezas de ganado, legado con el que debían mantenerse y mantener a sus dos hermanas, María de Jesús y María de la Luz.

Su hermano Eufemio vendió su parte de la herencia y fue revendedor, buhonero, comerciante y varias cosas más. En cambio, Emiliano permaneció en su localidad natal, Anenecuilco, donde, además de trabajar sus tierras, era aparcero de una pequeña parte del terreno de una hacienda vecina. En las épocas en que el trabajo en el campo disminuía, se dedicaba a conducir recuas de mulas y comerciaba con los animales que eran su gran pasión: los caballos. Cuando tenía alrededor de diecisiete años tuvo su primer enfrentamiento con las autoridades, lo que le obligó a abandonar el estado de Morelos y a vivir durante algunos meses escondido en el rancho de unos amigos de su familia.


Una de las causas de Revolución mexicana fue la nefasta política agraria desarrollada por el régimen de Pofirio Díaz, cuya dilatada dictadura da nombre a todo un periodo de la historia contemporánea de México: el Porfiriato (1876-1911). Al amparo de las inicuas leyes promulgadas por el dictador, terratenientes y grandes compañías se hicieron con las tierras comunales y las pequeñas propiedades, dejando a los campesinos humildes desposeídos o desplazados a áreas casi estériles. Se estima que en 1910, año del estallido la Revolución, más del noventa por ciento de los campesinos carecían de tierras, y que alrededor de un millar de latifundistas daba empleo a tres millones de braceros.

Tal política condenaba a la miseria a la población rural y, aunque era un mal endémico en todo el país, revistió particular gravedad en zonas como el estado de Morelos, donde los grandes propietarios extendían sus plantaciones de caña de azúcar a costa de los indígenas y los campesinos pobres. En 1909, una nueva ley de bienes raíces amenazaba con empeorar la situación. En septiembre del mismo año, los alrededor de cuatrocientos habitantes de la aldea de Zapata, Anenecuilco, fueron convocados a una reunión clandestina para hacer frente al problema; se decidió renovar el concejo municipal, y se eligió como presidente del nuevo concejo a Emiliano Zapata.

Tenía entonces treinta años y un considerable carisma entre sus vecinos por su moderación y confianza en sí mismo; pasaba por ser el mejor domador de caballos de la comarca, y muchas haciendas se lo disputaban. Como presidente del concejo, Zapata empezó a tratar con letrados capitalinos para hacer valer los derechos de propiedad de sus paisanos; tal actividad no pasó desapercibida, y posiblemente a causa de ello el ejército lo llamó a filas. Tras un mes y medio en Cuernavaca, obtuvo una licencia para trabajar como caballerizo en Ciudad de México, empleo en el que permaneció poco tiempo.

De regreso a Morelos, Emiliano Zapata retomó la defensa de las tierras comunales. En Anenecuilco se había iniciado un litigio con la hacienda del Hospital, y los campesinos no podían sembrar en las tierras disputadas hasta que los tribunales resolvieran. Emiliano Zapata tomó su primera decisión drástica: al frente de un pequeño grupo armado, ocupó las tierras del Hospital y las distribuyó entre los campesinos. La atrevida acción tuvo resonancia en los pueblos cercanos, pues en todas partes se daban situaciones similares; Zapata fue designado jefe de la Junta de Villa de Ayala, localidad que era la cabeza del distrito al que pertenecía su pueblo natal.

La Revolución mexicana

La política agraria y las abismales desigualdades sociales que trajo consigo el Porfiriato figuran entre las causas profundas de la Revolución mexicana, pero su detonante inmediato fue la decisión de Porfirio Díaz de presentarse a las elecciones de 1910. Tales "elecciones" eran en realidad una farsa pseudodemocrática para prolongar otros seis años su mandato; el viejo dictador, tras reprimir y eliminar la libertad de prensa y cualquier atisbo de disidencia política, mantenía el formalismo de hacerse reelegir periódicamente.

Francisco I. Madero, fundador del Partido Antirreeleccionista (formación política que aspiraba precisamente a interrumpir esa perpetuación), había presentado su candidatura a la elecciones de 1910, pero fue perseguido y obligado a exiliarse. Comprendiendo la inutilidad de la vía democrática, Francisco Madero lanzó desde el exilio el Plan de San Luis, proclama política en la que llamaba al pueblo mexicano a alzarse en armas contra el dictador el 20 de noviembre de 1910, fecha de inicio de la Revolución mexicana. La clave del éxito de su llamamiento en las zonas rurales radicaba en el punto tercero del Plan, que contemplaba la restitución a los campesinos de las tierras de que habían sido despojados durante el Porfiriato.

En Morelos, muchos se sumaron de inmediato a la insurrección; no fue el caso, sin embargo, de Zapata. No confiaba plenamente en las promesas del Plan de San Luis, y quería previamente ver reconocidos y legitimados con nombramientos los repartos de tierras que había efectuado al frente de la Junta de Villa de Ayala. Para la dirección del levantamiento en Morelos, Francisco Madero escogió a Pablo Torres Burgos; tras ser nombrado coronel por Pablo Torres, Zapata se adhirió al Plan de San Luis y en marzo de 1911, a la muerte de Torres, fue designado «jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur».

Con ese rango tomó en mayo la ciudad de Cuautla, punto de partida para extender su poder sobre el estado, y procedió a distribuir las tierras en la zona que controlaba. En el resto del país, mientras tanto, se extendía y triunfaba rápidamente la Revolución: el ejército del dictador fue derrotado en apenas seis meses. En mayo de 1911, Porfirio Díaz partió al exilio después de traspasar el poder a Francisco León de la Barra, que asumió interinamente la presidencia (mayo-noviembre de 1911) hasta la celebración de las elecciones.

El Plan de Ayala

Tras la caída de la dictadura de Porfirio Díaz, y ya durante la presidencia interina de León de la Barra, surgieron prontamente las discrepancias entre Zapata, quien reclamaba el inmediato reparto de las tierras de las haciendas entre los campesinos, y Francisco Madero, que por su parte exigía el desarme de las guerrillas. Finalmente, Zapata aceptó el licenciamiento y desarme de sus tropas, con la esperanza de que la elección de Madero como presidente abriera las puertas a la reforma.

Pero, pese al triunfo revolucionario, buena parte de la maquinaria del régimen seguía en manos de antiguos porfiristas (comenzando por León de la Barra), que ocupaban altos cargos en la administración y en el teóricamente vencido ejército. Cuando, en julio de 1911, gran parte de los zapatistas habían entregado las armas, empezó el acoso del ejército sobre los campesinos y luego sobre el propio Zapata, que escapó por poco a su detención; a lo largo de aquel verano, las tropas gubernamentales echaron por tierra la obra de Zapata, pero su acción unió en su contra a los campesinos que, tomando de nuevo las armas, recuperaron posiciones y resultaron a la postre fortalecidos.

En noviembre de 1911, Francisco I. Madero resultó elegido y accedió a la presidencia (1911-1913). Zapata esperaba que el nuevo gobierno asumiría sus compromisos en materia agraria; pero Madero, sometido a la presión del ejército y de los sectores reaccionarios, hubo de exigir de nuevo la entrega de las armas. Ante el fracaso de nuevas conversaciones, Zapata elaboró en noviembre del mismo año el Plan de Ayala, en el que declaraba a Madero incapaz de cumplir los objetivos de la revolución (particularmente, la reforma agraria) y anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes a cambio de una compensación, si se aceptaba, y por la fuerza en caso contrario. Los que se adhirieron al plan, que eligieron como jefe de la revolución a Pascual Orozco, enarbolaron la bandera de la reforma agraria como prioridad y solicitaron la renuncia del presidente.

El resultado de ello fueron nuevos y continuos enfrentamientos armados; las fuerzas gubernamentales obligaron a Zapata a retirarse a Guerrero; el gobierno controlaba las ciudades, y la guerrilla se fortalecía en las áreas rurales. Pero ni la brutalidad inicial ni los gestos reformistas encaminados a restarle apoyo lograrían debilitar el movimiento zapatista.

Contra Huerta y Carranza

Atrapado entre los revolucionarios agraristas y los porfiristas reaccionarios, e incapaz de satisfacer a nadie, el presidente legítimo difícilmente podía sostenerse durante mucho tiempo. Madero cayó víctima de la traición de un antiguo militar porfirista, Victoriano Huerta, general de su confianza prestigiado por su victoria sobre Pascual Orozco. En febrero de 1913, con el apoyo de Estados Unidos, Huerta derrocó a Madero (al que mandó ejecutar) e instauró una férrea dictadura contrarrevolucionaria (1913-1914). Con Huerta en el poder, los ataques del ejército gubernamental sobre los zapatistas se recrudecieron, pero sin éxito. Nombrado jefe de la revolución en detrimento de Orozco, que había sido declarado traidor, Emiliano Zapata frenó la ofensiva huertista y fortaleció su posición en el estado de Morelos.

Mientras tanto, en el resto del país, la traición del usurpador Huerta suscitó el unánime rechazo de los revolucionarios. El gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, se erigió en el líder de los constitucionalistas, cuyo primer objetivo era expulsar a Huerta y restablecer la legalidad constitucional; Carranza obtuvo el apoyo de Pancho Villa, que lideraba a los revolucionarios agraristas del norte. Entre ambos lograron derrotar a Victoriano Huerta en julio de 1914.

El apoyo de Zapata había sido más tácito que efectivo, pues exigía a Carranza la aceptación del Plan de Ayala, que no llegó a producirse. Por otra parte, las campañas contra Huerta habían provocado numerosas fricciones entre figuras de tan distinto ideario y condición como Venustiano Carranza, un político procedente de la abogacía, y Pancho Villa, un popular bandolero convertido en revolucionario. Vencido Huerta, el país quedaba en manos de tres dirigentes escasamente afines.

Venustiano Carranza aspiraba a asumir la presidencia y continuar la labor reformista de Madero. Consciente de las dificultades, convocó una convención en busca de acuerdos, pero sólo logró unir, momentáneamente, a los agraristas: en la Convención de Aguascalientes (octubre de 1914) se concretó la alianza de Zapata y Pancho Villa, representantes del revolucionarismo agrario, contra Carranza, de tendencia moderada. Carranza no tuvo más remedio que abandonar la recientemente ocupada Ciudad de México y retirarse a Veracruz, donde estableció su propio gobierno.

Poco después, en noviembre de 1914, Zapata y Villa entraron en la capital, pero su incapacidad política para dominar el aparato del Estado y las diferencias que surgieron entre los dos caudillos, a pesar de que Villa había aceptado el plan de Ayala, alentaron la reacción de Carranza. La ambición de Villa produjo la ruptura casi inmediata de su coalición con Zapata, el cual se retiró a Morelos y concentró su acción en la reconstrucción de su estado, que vivió dieciocho meses de auténtica paz y revolución agraria mientras luchaban villistas y carrancistas.

El aporte de algunos intelectuales, como Antonio Díaz Soto y Gama y Rafael Pérez Taylor, dio solidez ideológica al movimiento agrarista, y ello permitió a los zapatistas organizar administrativamente el espacio que controlaban. En este sentido, el gobierno de Zapata creó comisiones agrarias, estableció la primera entidad de crédito agrario en México e intentó convertir la industria del azúcar de Morelos en una cooperativa. William Gates, enviado de Estados Unidos, destacó el orden de la zona controlada por Zapata frente al caos de la zona ocupada por los carrancistas.

Últimos años

Sin embargo, la guerra proseguía; en 1915, la derrota de Villa permitió que Carranza centrara sus ataques contra Zapata, que por su dedicación exclusiva a Morelos carecía de proyección nacional. En febrero de 1916, Zapata autorizó conversaciones entre representantes suyos y el general Pablo González, a quien Carranza había encomendado la recuperación de Morelos. Estas conversaciones terminaron en fracaso y, al frente de sus tropas, González se adentró en Morelos. En junio de 1916 tomó el cuartel general de Zapata, el cual reanudó la guerra de guerrillas y logró recuperar el control de su estado en enero de 1917.

Tras esta nueva victoria, Zapata, que preveía erróneamente la inmediata caída de Carranza, llevó a la práctica un conjunto de avanzadas medidas políticas, agrarias y sociales, tanto para incrementar su base en Morelos como para buscar apoyos en el resto de México. En diciembre de 1917, Carranza ordenó a Pablo González una nueva ofensiva, que tomó ahora otro talante, buscando la negociación y la aceptación de las nuevas leyes del gobierno, pero los avances fueron exiguos.

Ante la imposibilidad de acabar con el movimiento y la amenaza que Zapata suponía para el gobierno federal (en la medida en que radicales de otros estados podían seguir su ejemplo), Carranza y González urdieron un plan para asesinar a Zapata. Haciéndole creer que iba a pasarse a su bando y que les entregaría municiones y suministros, el coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones gubernamentales contra él, logró atraer a Zapata a un encuentro secreto en la hacienda de Chinameca, en Morelos. Cuando Zapata, acompañado de diez hombres, entró en la hacienda, los soldados que fingían presentarles armas lo acribillaron a quemarropa.

Pablo González trasladó el cuerpo a Cuautla y ordenó fotografiar y filmar el cadáver para evitar que se dudase de su muerte. Pero, igualmente, muchos de sus paisanos y correligionarios no creyeron que hubiera muerto. Unos decían que era demasiado listo para caer en la trampa y que había enviado a un doble; otros encontraban a faltar una característica en el cadáver exhibido.

Genovevo de la O sucedió al fallecido líder al frente del movimiento, pero la guerrilla perdió de inmediato su fuerza e independencia política al apoyar a Álvaro Obregón, que derrocó a Carranza y asumió la presidencia (1920-1924). Aunque varios de los principios del movimiento zapatista fueron formalmente recogidos en las primeras legislaciones revolucionarias mexicanas (empezando por la Constitución de 1917), ni Venustiano Carranza ni sus sucesores, que ejercerían la presidencia a la sombra del influyente Plutarco Elías Calles, los llevarían a sus últimas consecuencias; hubo que esperar a la llegada de un estadista de la talla de Lázaro Cárdenas (1934-1940) para asistir a decididas políticas de redistribución de la propiedad agrícola.





                                                                                                                  Facilitador Pedro Araujo

sábado, 5 de agosto de 2017

Bolívar y Chávez en la Asamblea

05/08/2017

Bolívar y Chávez Regresan a la Asamblea Nacional.


Este viernes 08 de agosto, se llevo a cabo la instalación de la  Asamblea Nacional Constituyente, la cual elegida por el poder popular en las elecciones llevadas a cabo el 30 de julio a nivel nacional y en donde más de ocho millones de venezolanos decidieron a través del sistema democrático nacional la elección de los candidatos. Por tal motivo, este viernes 04 de agosto, los constituyentistas de la mano del pueblo venezolano regresaron  a la Asamblea Nacional los retratos del Libertador, Simón Bolívar, y el Presidente Hugo Chávez, los cuales habían sido retirados por los apátridas y fascistas de la oposición venezolana en el año 2016. 

Dos cuadros grandes fueron llevados más temprano por personal encargado del acto. Posteriormente, dirigentes oficialistas llegaron al Parlamento con un cuadro donde aparecen juntos, Bolívar y Chávez. 

El acto se realiza en el Salón Elíptico que, a pesar de ser parte del Parlamento, pertenece al Ejecutivo Nacional. 







Facilitador Pedro Araujo

A 53 Meses De tu Siembra Comandante

05/08/2017

 A 53 Meses De tu Siembra Comandante

Afiches en conmemoración a los 53 meses de la siembra del Comandante y Presidente eterno de la Revolución Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías.




                                                                                                                          Facilitador Pedro Araujo

Instalan Asamblea Nacional Constituyente

04/08/2017

Instalan Asamblea Nacional Constituyente.


Con rosas rojas e imágenes del comandante Hugo Chávez y el Libertador Simón Bolívar, los constituyentistas venezolanos ingresaron este viernes al Palacio Federal Legislativo, donde fue instalada la Asamblea Nacional Constituyente.

Los representantes para el conocido como poder originario fueron acompañados a la sede legislativa por los venezolanos que este domingo 30 de julio los eligieron en votaciones. 

En el acto de instalación, el constituyentista y líder socialista Diosdado Cabello recordó la gesta histórica del pueblo venezolano en defensa de la libertad y soberanía del país, frente a las amenazas colonialistas. 

Los constituyentes electos instalaron este viernes la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo con la constituyente electa Delcy Rodríguez como presidenta de dicha instancia, quien informó que comenzarán a sesionar desde este sábado a las 10 de la mañana.

Fernando Soto Rojas, como orador principal por ser el constituyentista más longevo, leyó el discurso de entrada, donde afirmó que a través de la elección de los constituyentes el “pueblo habló, quiere paz”.

Seguidamente, el padre Numa Molina extendió su bendición a los 545 candidatos electos, “para que el señor los ilumine, para que escuchen siempre al pueblo, ustedes son un instrumento para la paz y construir lo que siempre ha faltado”, afirmó.

Previamente rindieron un homenaje en la Plaza Bolívar de Caracas con cuadros de Simón Bolívar y el fallecido presidente Hugo Chávez. Además, los militantes del Gobierno Nacional se concentran en los alrededores del Palacio Federal Legislativo y en otros puntos de Caracas para respaldar la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, que se realizará en el Salón Elíptico este viernes.

"El pueblo salió a votar buscando la paz, fue la propuesta presentada por el presidente Nicolás Maduro", dijo el líder socialista 

La excanciller Delcy Rodríguez quedó electa como presidenta de la Asamblea Constituyente, mientras que como primer vicepresidente fue electo el exvicepresidente Aristóbulo Istúriz, y el segundo vicepresidente Isaías Rodríguez.

En los cargos de Secretaria quedó electo Fidel Vasquez, y para la Subsecretaria, Carolis Pérez, cargos que fueron aprobados por unanimidad entre todos los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente.

La directiva juró ante la Constitución mantener la lucha por la independencia y cumplir con las resoluciones que dispongan. "Juro defender a la Patria de cualquier agresión y amenaza", dijo Delcy Rodríguez. 












Facilitador Pedro Araujo

jueves, 3 de agosto de 2017

Batalla Naval de Cumana

03/08/2017

Batalla Naval de Cumana.



El 3 de agosto de 1813, y como parte de la Campaña de Oriente, se desarrolla la Batalla Naval de Cumaná, en la que el entonces Coronel Santiago Mariño y sus tropas condujeron a la liberación de todo el territorio oriental de Venezuela, exceptuando Guayana.

Ese día los realistas se embarcaron en los buques de guerra y mercantes que tenían en Cumaná y zarparon combatiendo contra la flota republicana. Esa misma noche las tropas de Mariño entraron en la ciudad y el oficial español Francisco Cervériz, que sostenía Yaguaraparo contra el venezolano José Francisco Bermúdez, huyó hacia Guayana.

Diez triunfos tuvo la Campaña de Oriente (dos en Güiria, dos en Irapa, tres en Maturín, uno en Cumaná, uno en Yaguaraparo y uno en Barcelona), siendo uno de los más significativos el de la Batalla Naval de Cumaná, ya que concluye militarmente con la liberación de casi todas las zonas importantes del oriente y con la elección, por unanimidad de los jefes involucrados, de Mariño como General en Jefe de las armas del Oriente en su natal Margarita. Tres meses empleó el héroe en preparar la expedición que iba a destacar su nombre en nuestra historia y a colocarle entre los más ilustres padres y servidores de la patria.

Facilitador Pedro Araujo




3 de agosto: Día de la Bandera Nacional de Venezuela

03/08/2017

3 de agosto. Día de la Bandera Nacional de Venezuela.



Hace 208 años, el Generalísimo Francisco de Miranda en compañía de los mártires de su “Expedición Libertadora” tocó tierras venezolanas, en la Vela de Coro, y desplegó la bandera tricolor.

En Venezuela se conmemoraba anualmente el día de la Bandera Nacional los 12 de marzo, ya que ese día, en el año 1806, se flameó por primera vez el pabellón tricolor, que con algunas modificaciones, habría de adoptar Venezuela, hecho memorable que no ocurrió en aguas venezolanas, sino en la rada de Jacmel, Haití, por obra de su creador, Francisco de Miranda.

Con el fin de fundar una República de hombres libres en el suelo americano, el prócer independentista Francisco de Miranda partió desde Nueva York hacia Venezuela el 2 de febrero de 1806.

Su expedición estaba conformada por un buque llamado el Leander, en honor a su hijo, y dos goletas (embarcaciones pequeñas) en las que se contaban 200 hombres, además de cañones, rifles, pistolas, espadas y barriles de pólvora para enfrentar al ejército español.

Después de pasar por Haití y pedir ayuda al nuevo gobierno independentista de la isla, llegó la noche del 26 de abril de 1806 a las costas de Ocumare, donde las fuerzas coloniales frustran su llegada y capturan las dos goletas, mientras Miranda logró huir en el Leander.

Miranda reorganizó sus fuerzas en la isla de Trinidad el 24 de junio de 1806, donde recibió colaboración del gobernador británico Thomas Hislop. Luego de un mes, el Leander partió de nuevo hacia costas venezolanas.

Proclama a los Pueblos Habitantes del Continente Américo-Colombiano, era el título del documento que Miranda había preparado para puntualizar las medidas que se tomarían inmediatamente en las instituciones políticas que controlaba el colonialismo.

La llegada de los independentistas a la costa de Coro el 03 de agosto de 1806 había sido anticipada por los españoles, quienes decidieron desalojar la localidad para dejar al ejército mirandino una ciudad desierta, lo que frustró los planes de ese movimiento emancipador venezolano.

La lucha por la emancipación generó entre los libertadores, la necesidad de crear desde el principio, un símbolo que expresara el empeño y la voluntad por crear una patria independiente, lejos del dominio español, y que al mismo tiempo fuese para las futuras generaciones, signo de su identidad.

Es por ello que Miranda crea una bandera para el movimiento, que recibiría el apodo de “Bandera Madre”, pues de este diseño, finalmente derivaría la bandera actual del país.

Fue reconocida como estandarte nacional por el Congreso, el 15 de julio de 1811, y es izada por primera vez el 16 de julio del mismo año. A partir del diseño original, el distintivo tricolor primario se mantiene y difiere el número de estrellas y el uso del escudo nacional dependiendo de la época.

El Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, decretó el 3 de agosto de 2006 como el Día de la Bandera, en justicia para el Generalísimo Francisco de Miranda y los mártires que llegaron hace 208 años a La Vela de Coro para izar por primera vez este símbolo patrio, en tierra venezolana.

A partir del 9 de marzo de 2006, el estandarte nacional exhibe ocho estrellas. Esta nueva modificación hace referencia a la inclusión de la Provincia de Guayana, basándose en el Decreto de Simón Bolívar del 20 de noviembre de 1817 como provincia que se adhería a la independencia.

“Día de la Bandera de Miranda. Día de la Bandera Revolucionaria, en justicia a la historia verdadera”, dijo en aquel momento el Líder de la Revolución Bolivariana, 200 años después de la gloriosa gesta de Coro.

Del mismo modo, el Gigante de Venezuela y del mundo nos dejó el recuerdo en su cuenta Twitter @chavezcandanga: “¡Hoy es Día de la Bandera! ¡Viva Miranda! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Independencia nacional!”. ¡Patriotismo del puro! ¡Qué viva!”.

Facilitador. Pedro Araujo

Simón Bolivar es proclamado como Jefe de la República y de los ejercitos

  El 7 de febrero de 1816,  Simón Bolívar fue proclamado Jefe Supremo de la República y sus Ejércitos, en una asamblea celebrada en la Villa...